Cerca del final, donde todo empieza.
El domingo siempre había sido un día menospreciado en su rutina.
Pero allí se encontraba él, en medio de la calzada, casi sin poder mantenerse de pie, buscando a tientas a las 3 de la mañana ese algo capacitado para aliviar su dolencia.
El pelo le descansaba sobre la cara sucio y mojado, tapando sus grandes ojos marrones, los cuales buscaban desesperados cualquier indicio de movimiento nocturno.
La ropa estaba sudorosa, algo rasgada, y le daba bastante frío tratándose tan solo de una fina camiseta y unos vaqueros oscuros.
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Él sabía que no se merecía seguir aquí, por eso me dejo claro su mensaje antes de su marcha. No supe que decirle o como retenerle..de hecho no estoy muy segura de haberlo querido hacer.
-Es difícil convivir contigo, Juan.- Llegué a decirle una vez.
No me arrepiento.
Lo tengo todo controlado, sus hilos reposan sobre mi regazo expectantes y las afiladas hojas de mis tijeras se impacientan. ¿Ahora?
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Se sentó en la acera. Agotado, melancólico, furioso, humillado..
Sacó la aguja, la notó introducirse rápida, directa y siseante en su vena decolorada, la sentía, la controlaba, le excitaba.
Se fue, en un mortífero y placentero segundo de infelicidad.
